Taller de Investigación Teatral TIT

(1976-1980)

Pese a tratarse de una compañía que funciona poco más de tres años, con sólo dos estrenos, es una de las agrupaciones independientes más interesantes de la escena chilena. Formada mayoritariamente por alumnos y egresados de la Escuela de Teatro  de la Universidad Católica de Chile -Rodolfo Bravo, Mauricio Pesutic, Luz Jiménez, Soledad Alonso, Loreto Valenzuela, José Luis Olivarí más Miriam Palacios- y dirigida por un profesor de esta, Raúl Osorio, el origen del TIT y la definición de su proyecto teatral se alimenta de esta práctica docente.

Su proyecto fue crear obras a partir de la observación de lugares y personajes pertenecientes a sectores marginales de la sociedad que estuvieran impactados por problemas del momento, para luego llevarlas a esos sectores como teatro de servicio, que alimentara su autoconciencia y su capacidad organizativa.

La observación la realizó el grupo en dos talleres de trabajo para cesantes de la Vicaría de la Solidaridad de la Iglesia Católica: los hombres del grupo se integraron a uno de payasos y las mujeres a uno de arpilleristas. El material escénico  elaborado a partir de esta observación aportó la base para la creación y escritura de las obras Los payasos de la esperanza (1977) y Tres Marías y una Rosa (1979), esta última con dramaturgia de David Benavente.

Consideradas clave para la comprensión de la realidad social de esos años, estas obras contienen la huella identitaria de un sector de Chile que experimenta profundos procesos de transformación económicas, sociales y de género, y consignan las respuestas creativas, organizativas y existenciales que estos grupos proponen frente a ellos. Los payasos… se difundió en espacios alternativos ligados a la Iglesia Católica y a organizaciones de base, en tanto Tres Marías y una Rosa se montó en una sala céntrica, obteniendo un enorme éxito de público y realizando giras a regiones y al extranjero.

A pesar de este potente inicio, el TIT original se disolvió al no acordar sus miembros una proyección del trabajo en nuevas iniciativas. Raúl Osorio conservó el nombre de la compañía realizando durante la década de 1980 diversos seminarios para actores profesionales, dando a conocer la línea de investigación teatral propia del TIT y montando obras a través de esa y la siguiente década, destacando en 1998-1999 Una casa vacía, con texto de Carlos Cerda y protagonizada magistralmente por Rebeca Ghigglioto.

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