Teatro Fin de Siglo

(1983-...)

A fines de 1982, Ramón Griffero vuelve a Chile tras nueve años de autoexilio en Europa, lugar donde completa sus estudios en sociología y cine. Trae consigo una valiosa experiencia teatral, con dos montajes presentados en instancias universitarias donde ya exploraba una poética propia y establecía contacto con Herbert Jonckers, diseñador y co-fundador del Teatro Fin de Siglo.

La inserción en el medio chileno fue compleja ya que Griffero no tenía redes de contacto en el ámbito artístico (había salido del país como un joven estudiante de sociología), y la situación cultural estaba deprimida por el estricto control político que mantenía el régimen militar.

Logra estrenar Recuerdos del hombre con su tortuga (1983) –que había sido premiada en el Quinto Concurso Nacional de Teatro para Autores, de la Municipalidad de Santiago-, sin mayor repercusión. En respuesta, elabora un documento para dar a conocer los postulados ético-estéticos del grupo.

Con un pequeño grupo de colaboradores habilita y da vida  al mítico espacio  que bautiza como El Trolley (perteneciente al sindicato de jubilados de conductores de trolleys), centro de resistencia cultural donde estrena sus siguientes proyectos y también acoge propuestas de otros jóvenes directores.

Innovador en su modo de hacer contracultura, Griffero anota un primer éxito con el estreno de Historias de un galpón abandonado (1984), primera parte de una trilogía en la que desarrolla “la poética del espacio”, la que se completa con Cinema utoppia (1985) y 99 la morgue (1987). Estos trabajos validan la propuesta de Griffero-Jonckers en el medio nacional y Griffero es invitado a dirigir en distintas compañías y centros binacionales.

Como a muchos creadores de la época, el retorno a la democracia en 1990 sume a Griffero en un análisis de sus temáticas y de los puntos de conflicto social y políticos a los cuales apuntar en su creación. En 1994 regresa a las tablas con montajes potentes que cuestionan el sistema neoliberal al tiempo que remarca el surgimiento de micro-utopías por sobre los movimientos colectivos. Sus obras son claves para entender el Chile de la década de los noventa: Éxtasis o las sendas de la santidad (1994), Río abajo (1995) y Brunch (1999) catapultan a Fin de Siglo como una de las compañías que más ha aportado a la comprensión del imaginario nacional.

Tras la muerte de Jonckers en 1996, Griffero continúa el desarrollo de su propuesta, combinando las actividades de Fin de Siglo con asesorías culturales, festivales internacionales, conferencias y una fuerte actividad docente que se corona con su designación en 2001 como director de la Escuela de Teatro de la Universidad ARCIS, cargo que desempeña en la actualidad.

En la primera década del 2000 indaga en propuestas escénicas de múltiples lecturas, revisitando estilos y tiempos en un trabajo que tiende a la coralidad, persistiendo en una constante renovación del punto de vista crítico de la sociedad, ahora vista como individualista, fragmentada y dominada por un mercado global, arrojando títulos como Tus deseos en fragmentos (2002), Fin del Eclipse (TEUC, 2007) y Prometeo, el origen (GAM, 2014).

Griffero se ha posicionado como uno de los grandes íconos culturales chilenos, siendo punto de referencia a nivel mundial para hablar de creatividad teatral e identidad autoral.

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