Teatro La Memoria

(1988-...)

Alfredo Castro, principal motor de la compañía Teatro La Memoria, ya había destacado como actor en los principales escenarios de nuestro país, siendo levantado por la crítica especializada como una de las figuras promisorias de nuestra escena a mediados de los ochenta. La experiencia acumulada por Castro en sus trabajos con Le Signe, el Teatro Itinerante o el Teatro de Fin de Siglo (entre otras compañías), además de una formación en la Universidad de Chile matizada por la contingencia que lo empujó hacia la reflexión, se conjugan en él para generar una idea del tipo de teatro que quería probar en escena.

El espectáculo que presenta La Memoria se basa en conceptos, en ideas a ser trabajadas en un compromiso psico-físico integral por un grupo de actores, acogiendo la propuesta de dirección. La irrupción de esta estética en el medio local generó gran interés, ya que se alejaba de las convenciones teatrales -tanto en su visualidad y modos expresivos  como en las temáticas abordadas- ambas incrustadas en la sociedad chilena, entonces en pleno proceso de transición hacia la democracia.

De factura intimista, con acento en la marginalidad y lo socialmente abandonado, Castro presenta La manzana de Adán (1990), la que se transforma en la puesta en escena revelación de la temporada, ganándose inmediatamente un público fiel necesitado de expresiones escénicas que se movieran en los polos de la diferencia social y sexual, del dolor y la pérdida. Lo acompañan en el experimento actores jóvenes que empezaban a delinearse ellos mismos como promisorias figuras, entre ellos Amparo Noguera, Rodrigo Pérez y Paulina Urrutia. Se va consolidando un equipo de trabajo donde participan luego figuras de la talla de Pedro Vicuña, Francisco Reyes y Verónica García-Huidobro, generando un colectivo cohesionado en torno a una identidad teatral definida, una signatura de director.

A La manzana de Adán le siguen La historia de la sangre (1990) y Los días tuertos (1994), las que en conjunto constituyen la Trilogía Testimonial de Chile. Esta está basada en documentos e investigaciones, dramatúrgicamente armadas por el director y sus colaboradores más cercanos, donde se abordaban los temas de desplazamiento social con fuerte carga simbólica y una interpretación que se aleja del naturalismo para adentrarse en la huella y el síntoma corporal como emergencia del inconsciente.

Alfredo Castro colaboró además en este periodo  con los teatros más establecidos del país produciendo puestas de gran resonancia como El rey Lear de Shakespeare –traducción de Nicanor Parra- (1992), y Theo y Vicente segados por el sol de Jean Menaud (1993), ambas producciones del Teatro de la Universidad Católica; con la Universidad de Chile presentó La catedral de la luz de Pablo Álvarez (1995), Casa de luna de Juan Claudio Burgos (1997) y Hechos consumados de Juan Radrigán (1999).

La Memoria ha intercalado la recurrencia a textos propiamente teatrales (como Las sirvientas de Genet y Psicosis de Kane, ambas del 2000) con adaptaciones de obras literarias chilenas (Patas de perro, novela de Carlos Droguett, del 2000; Mano de obra del 2004 y Jamás el fuego nunca del 2009, ambas novelas de Diamela Eltit), generando una mixtura que mantiene coherencia en la propuesta indagatoria de sentido  y en la estética. Alfredo Castro ha sido reconocido con diversos premios a su trayectoria, ha destacado como actor de televisión y cine (género en el que ha incursionado además como guionista) y ha dejado una honda huella entre sus incontables alumnos en las diversas instituciones donde ha realizado docencia.

Desde el año 2007, con apoyo de fondos estatales para la cultura, abre el Centro de Investigación Teatral La Memoria, un espacio ubicado en el barrio Bellavista de Santiago, siendo actualmente el proyecto donde concentra sus labores de docencia, creación, experimentación y difusión. En estos últimos años ha dirigido, entre otras, las obras Un roble (2008); Casa de Muñecas (2011); Distinto (2012); y Un tranvía llamado de deseo (2014), en coproducción con el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM).

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