Compañía de Rafael Frontaura

(1932-1958)

El actor, crítico y cronista teatral Rafael Frontaura de la Fuente (1896-1966) inicia su vida en el teatro en el Instituto de Humanidades de Santiago, donde escribe y actúa en obras con sus compañeros, entre los que se encontraba el futuro dramaturgo Carlos Cariola.

Estudió leyes en la Universidad de Chile, carrera que nunca ejerció, ya que en su debut en 1919 como actor aficionado en El voto femenino de Roxane en el Teatro del Club de Señoras recibe comentarios halagadores que lo tientan a dedicarse profesionalmente a este arte.

Incursiona en la compañía profesional argentina Mario Padín y luego en la de Nicanor de la Sotta, pero insatisfecho con su desempeño, se radica a fines de 1919  en Argentina para aprender el oficio. Lo logra con tanto éxito que permanece por casi veinte años en ese país en diferentes compañías teatrales.

A su regreso a Chile en 1928 se une a la exitosa compañía de Alejandro Flores hasta 1931, compañía a la que vuelve esporádicamente a través de su carrera. Destaca la gran oportunidad que en ella tuvo en 1931, cuando encarna magistralmente  al profesor Topaze en la obra del mismo nombre de Marcel Pagnol, lo que lo consagra definitivamente frente al público. Es tal el éxito obtenido que sucaracterización inspira el título y la gráfica característica de la influyente revista de sátira política Topaze.

En 1932 forma su primera compañía, la Leguía-Frontaura-Valenti, en alianza con actores españoles recién radicados en Chile Emilio Valenti y Olvido Leguía. Allí comprueba sus dotes de empresario teatral y la preferencia que le da el público, motivándose a formar compañía propia en 1933 en el teatro Victoria. En ella invita a participar a Olvido Leguía y al actor peruano-chileno Lucho Córdoba, quienes más adelante contraerán matrimonio y formarán su exitosa compañía.

Frontaura, tras una larga gira por Latinoamérica como actor de teatro y cine ya consagrado, que incluye su regreso triunfal a Argentina, más Montevideo, Lima y La Habana, entre otros, en 1952 de regreso a Chile forma la compañía más estable y exitosa de su vida con Alejandro Flores, la que funciona hasta 1958.

Es la compañía Flores Frontaura, la que presenta gloriosos éxitos en el Teatro Imperio, como La dulce enemiga, del francés André-Paul Antoine, con innovadora escenografía giratoria de Raúl Aliaga, obra que marcó un hito al estar más de tres meses en cartelera, todo un record para la época. Continúan con obras de valiosos autores como el español Casona y los chilenos del Campo y Vodanovic,  convirtiéndose así  en una de las principales figuras de la escena teatral y cinematográfica.

También se dedicó a la crítica teatral, siendo además un reconocido cronista de la bohemia santiaguina: su libro de memorias Trasnochadas (1957) es un texto fundamental para entender el movimiento teatral de la llamada época de oro del teatro chileno de la primera mitad del siglo XX.

Trabajó codo a codo con las principales figuras de su época y su talento y entrega fueron reconocidos en 1949 con el Premio Nacional de Arte.

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