Teatro La Puerta

(1991-...)

Las investigadoras Fernanda Carvajal y Camila Van Diest han hecho un estudio acabado del funcionamiento, historia, estéticas y poéticas que sustentan la búsqueda de La Puerta. En su ensayo acerca de este colectivo (disponible en “Nomadismos y Ensamblajes..-“ y que citaremos entrecomillado en adelante), podemos entender el recorrido de La Puerta como un camino que ha ido interactuando con el contexto, produciendo ajustes de rumbo sobre todo el colectivo, que de manera plural se transforma conservando rasgos identitarios a lo largo del tiempo.

“La Puerta nace como compañía el año 1991 en medio de las transformaciones estéticas y políticas que atravesaban al todavía desarticulado campo teatral chileno, tras los cambios culturales, sociales y políticos que trajo consigo la pactada recuperación democrática. En el contexto de un aparente debilitamiento de las pulsiones colectivas, La Puerta se autocomprendió, a contrapelo, como un colectivo de actores —y ha insistido, de ahí en más y con distintos énfasis, en esta signatura colectiva a lo largo de 20 años—“. Identificamos las escenificaciones emblemáticas de La Puerta, entonces, también relacionándolas con estas brechas poéticas, constatables en “los semblantes escénicos de la poesía alquímica de una obra como Cagliostro (1994), el grotesco devenir animal de Informe para una Academia (1997), la despojada reflexión sobre la belleza de Calias (2007), o la cruda violencia de Páramo (2010)”. Desde sus inicios, pese a la impronta colectiva, la voz de Luis Ureta ha tendido a situarse en el puesto del director, lugar que se ha afianzado con el tiempo. Bajo su coordinación, el primer periodo de La Puerta apunta a la fusión de materiales literarios y filosóficos para construir un texto teatral que se completa con improvisación actoral y creación colectiva, para dar forma definitiva al sustento de la puesta en escena, en la que abundan el “uso de máscaras, maquillajes expresionistas y vestuario de caracterización. Así, la mayoría de estas obras proponían una concepción alegórica del espacio escénico, que representaba conceptos o universos simbólicos”.

Hacia finales de los noventa, La Puerta se ha ganado un espacio en el abanico teatral chileno, siendo invitados a escenificar textos en distintos festivales de dramaturgia. Esto genera un vuelco en el grupo, que comienza a utilizar textos propiamente teatrales para sus montajes, encontrándose con una escena dramatúrgica revitalizada y promovida desde las rearticuladas instancias culturales, como la Muestra Nacional de Dramaturgia desde 1994 y la Muestra de Dramaturgia Europea Contemporánea desde el 2001. Es justamente a través de esta última instancia que “La Puerta ha tenido un constante intercambio con el medio teatral europeo donde su trabajo tiene importantes repercusiones”, lo que deriva en que “el grupo comenzó a incorporar en sus obras un uso cada vez más intensivo de dispositivos tecnológicos y audiovisuales, que tensionaban la actuación y la representación”, dando paso a la exploración de elementos posdramáticos del teatro. Electronic city, de Falk Richter (2003) y Sex según Mae West, de René Pollesch (2005) –ambos autores alemanes- representan icónicamente esta nueva etapa.  Estas estéticas se han incorporado al trabajo de La Puerta de manera profunda, generando una mixtura que se constata en la Trilogía Bicentenario de la compañía, donde los dramaturgos Coca Duarte, Mauricio Barría y Rolando Jara realizan una reescritura de tres obras fundamentales de la dramaturgia chilena, abordando y reelaborando a autores emblemáticos como Egon Wolff, Alejandro Sieveking y Germán Luco Cruchaga, en un deslizamiento poético que resume gran parte de los viajes que ha hecho este colectivo. El año 2013 la compañía vuelve a trabajar con dramaturgia europea, con la obra La Cosa (Das Ding) del alemán Philip Löhle. Su nueva creación los lleva a participar del Festival de Mülheim “Stücke 2013″ (Alemania) en su 38º Edición.  

En sus más de 20 años de existencia, han pasado por La Puerta diversos artistas como Francisco Melo, Sergio Piña, Macarena Silva y Andrés Velasco. Además del propio Ureta, el otro eje articulador de esta compañía se encuentra en la figura de la actriz Roxana Naranjo, quien desde el escenario imprime una huella y un estilo reconocibles por el público que los ha acompañado.

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