Teatro Camino

(1989-...)

Héctor Noguera, actor y director de vasta y destacada trayectoria, con ya 50 años de permanente presencia en el teatro, el cine y la televisión, inicia su vida artística  en el Teatro de Ensayo UC, permaneciendo por 30 años en este teatro como actor, director y maestro. Tras incursionar paralelamente en teatros independientes como Los Comediantes, Ictus, Nuevo Grupo, Teatro Q, en 1989 forma su propia compañía, volcando en ella en plenitud en los últimos 20 años su ideario, valiosísima capacidad artística y talentosa creatividad.

Lo suyo ha sido realizar proyectos teatrales integrales, encargándose de la dramaturgia de textos teatrales o literarios y de la dirección, conducente a crear obras articuladas en torno a un personaje protagónico a modo de monólogo, las que él encarnaba versátilmente en la escena como actor. En El contrabajo, basado en el texto homónimo de Patrick Süskind, Héctor Noguera nos cuenta La vida es sueño (1991, de Calderón de la Barca), De las consecuencias de mucho leer (1993, inspirado en Don Quijote de la Mancha, de Cervantes) y Siberia (1994, del dramaturgo austríaco Félix Mitterer), Noguera se hizo cargo  de textos de compleja profundidad.

Realizados lúdicamente en escenarios despojados, con escenografías, iluminación y manejo de objetos esenciales que lo situaban en un espacio imaginario poético, sostiene Noguera un permanente diálogo con el espectador. Su apropiación del ideario teatral de el performer de Grotowski y de su teatro pobre, que propone como centro de lo teatral al actor desplegado en sus máximas capacidades, y de las teorías de antropología teatral de Eugenio Barba, preocupado por la presencia viva del actor en la escena, entre otros, le permiten desarrollar una poética personalísima, de gran vitalidad y cualidad experimental. 

Con este corpus de obras, Noguera y sus colaboradores recorrieron Chile y luego el mundo, marcando esta primera etapa la elección del nombre de su compañía: Teatro Camino, buen resumen de sus movimientos y búsqueda constante. En esa época, Noguera trabaja con José Cheuque, quien venía como técnico del Ictus y con Noguera desarrolla dotes de diseñador y de actor. De ahí en adelante la fuerza del proyecto empujó a su fundador, junto a un pequeño y comprometido equipo, a centrarse en este proyecto como actividad principal. Se asocia con antiguos y nuevos compañeros para realizar proyectos como Las sillas de Ionesco (1996), dirección de Ramón López, presentado en el Teatro UC, donde comparte escena con Bélgica Castro y Alejandro Sieveking.

Su potencial de maestro universitario de múltiples generaciones de la UC lo vuelca ahora también en Teatro Camino, al formar una Escuela de Teatro como instancia de exploración y proyección de su concepto teatral a las nuevas generaciones, junto a un equipo de profesores que comparte su visión y metodología. En el 2000 consolida el proyecto al construir un teatro escuela en los faldeos de la Cordillera de los Andes, al interior de la Comunidad Ecológica de Peñalolén, teatro y escuela que le permiten generar una fuerte identificación con su público y sus alumnos por su sello inconfundible.

La compañía alterna obras con elencos relativamente numerosos con espectáculos unipersonales, pero siempre la calidad íntima de su propuesta empapa transversalmente sus estrenos. Hacia 2003, Noguera acuerda la integración de la Escuela de Teatro Camino a la Universidad Mayor, la que la transforma en base de su Escuela, manteniéndose Noguera como su director primero y luego como Decano de la Facultad de Artes, reafirmando una alianza que incluye una serie de apoyos institucionales de esta universidad hacia Teatro Camino (difusión, buses de acercamiento para el público). Al mismo tiempo, Noguera renueva progresiva y acertadamente su equipo de trabajo y logra adjudicarse fondos concursables que permiten la habilitación definitiva del edificio del Teatro Camino en Peñalolén.

Es aún frecuente ver a Noguera haciéndose cargo casi totalmente solo de complejos textos (su último estreno es un buen ejemplo, Rápido antes de llorar, basado en poemas de Claudio Bertoni, 2010). Teatro Camino también se ha convertido en el lugar preferido de estreno de destacados directores como Raúl Ruiz, Vicente Ruiz, Adel Hakim, Michael Radford y Alexander Stillmark, y como un espacio de experimentación escénica con propuestas de creadores de gran talento y experiencia, como Bélgica Castro y Alejandro Sieveking, y de jóvenes creadores. Esta mixtura siempre ha tenido como eje convocador a Héctor Noguera, quien es merecedor de confianzas y aprecios profesionales de otros creadores y del público que lo sigue, ya sea como espectadores solo de teatro y/o también como sus públicos de cine y televisión.

Su versatilidad, permanente actitud investigativa  en los lenguajes dramáticos y en sus propias capacidades actorales, unido a un  progresivo ahondamiento en temas filosóficos, morales y existenciales, quedan extraordinariamente ejemplificados en un periplo único realizado por Noguera a través de sus más de 50 años como hombre de teatro, al haber vuelto una y otra vez desde diferentes ángulos y versiones a una misma obra, La vida es sueño,  de Calderón de la Barca. Utilizada primero como ejercicio de taller en su época de alumno, protagonizada luego por él profesionalmente en dos oportunidades diferentes en el Teatro UC en las décadas del 70 y del 80, realizada a continuación como  monólogo y narración unipersonal en Héctor Noguera cuenta la vida es sueño en Teatro Camino en 1991  -versión de autoría propia que mantiene en repertorio en los últimos 20 años y que logró un aplauso apoteósico en el Festival de Teatro Clásico en Almagro, España, este año 2010-, corona este periplo al protagonizar la obra completa por tercera vez a finales de este mismo año en Teatro Camino, ahora dirigida por su hijo Diego Noguera, en versión de música contemporánea.

Se plasma así simbólicamente en esta experiencia reciente en La vida es sueño tanto la continua inmersión vital y artística profunda y siempre renovada de Noguera en este misterio teatral teológico, psicológico y político sobre la libertad humana, los designios divinos, la paternidad y la filiación,  como su capacidad de dar paso, transferir y compartir su saber como maestro y compañero a las generaciones emergentes.

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