RKO Fábrica de Sueños

(1994-...)

Víctor Carrasco, director y motor de RKO, es un artista de obsesiones que lleva mundos extremadamente elaborados a escena, donde trabaja atmósferas usualmente opresivas por sobre la narración anecdótica o la construcción de personajes. La palabra, como vehículo material y de significación, es el elemento central desde donde nace la creación de Carrasco, lo que es acompañado por una espacialidad de pulcra elaboración.

Aun cuando Carrasco es un reconocido guionista de exitosas teleseries de los últimos 15 años, ha basado su trabajo teatral en textos de otros autores, y suele explorar la poética de algunos autores con los que tiene especiales resonancias, montando varios de sus títulos. Sin embargo, en sus comienzos Carrasco insinuó una veta dramatúrgica que, vista en perspectiva, parecía apuntar más al encuentro de un tono escénico que al desarrollo de una poética escritural. A este periodo corresponde KM, 69 Are you lonesome to night? (1990) y Blue Moon, el bar de los corazones solitarios (1992) obras escritas y dirigidas junto al actor Santiago Ramírez desde el colectivo nominado KM-69. Ambos montajes, de poderosa visualidad y  vocación experimental, llaman la atención en el medio teatral y abren un espacio de creación que, una vez disuelta la sociedad con Ramírez, Víctor Carrasco ocupa con su siguiente proyecto escénico, la compañía RKO Fábrica de Sueños.

Carrasco ya en ese tiempo tenía instalado en su imaginario la compleja fuerza poética del dramaturgo francés Bernard-Marie Koltès, a quien había leído por primera vez en 1990 en Europa, donde estaba becado. Desde ese primer encuentro proyectó montar las siete obras dramáticas de Koltès publicadas hasta ese momento, premisa declarada pública y tempranamente que lo coloca en una posición especial dentro de los creadores nacionales. Su socio de la época es el actor Tito Bustamante, quien asume el desafío propuesto por Carrasco y ejecuta el complejo monólogo De noche justo antes de los bosques –presentado con el título de El ejecutor- (1994). El director desmenuza este texto y lo califica como una “obra cargada de una poesía dura y delirante que nos hizo detenernos en un punto importante a la hora abordar a un dramaturgo de las características de Koltès: la palabra y sus resonancias en el intérprete” (Carrasco: 32). La dureza del montaje radica en su simplicidad, en el cual el actor se concentra en la resonancia de la palabra sobre su emoción, minimizando los movimientos, convirtiendo la experiencia en una prueba para los espectadores. Esta obra es una suerte de declaración de principios en la que Carrasco asume que se aleja del público masivo, al navegar entre la experimentación y la intelectualización teatral.

Con un naciente pero bastante definido estilo de dirección, Carrasco estrena un texto propio altamente inspirado en las temáticas y ritmos de Koltès. Con Los amantes del páramo (1995) Carrasco -con Tito Bustamante y Paulina Urrutia en escena-, refina una visualidad que tiende al uso del espacio vacío contrastado con complejos diseños de iluminación y la incorporación de elaborados elementos escogidos especialmente para cada montaje.

Retoma su fascinación con Koltès con los montajes de En la soledad de los campos de algodón (1997), Tabataba (1998), La herencia (2000), un remontaje de De noche justo antes de los bosques (2005, con Néstor Cantillana) y Roberto Zucco (2006). También ha explorado otros autores, fuentes textuales y temáticas, los que se van cruzando en el tejido que construye Carrasco de su propia poética. Así podemos encontrar montajes como Las bellas atroces (adaptación de la novela La casa de las bellas durmientes de Kawabata, 1996); Alguien va a venir (2001), El hijo (2003) y Variaciones sobre la muerte (2008), estrenando y dando a conocer en Chile al dramaturgo noruego contemporáneo Jon Fosse; ha incursionado en el montaje de clásicos como Hedda Gabler (Ibsen, 2007) y Las tres hermanas (Chejov, 2009). Para todos estos trabajos, Carrasco ha contado con destacados actores y actrices como Claudia di Girólamo, Mariana Loyola, Gloria Munchmayer, Francisca Lewin, Francisco Pérez-Banen, Tomás Vidiella, Willy Semler, Delfina Guzmán, Mauricio Pesutic, entre otros.

A partir del 2009, Carrasco explicita una nueva alianza artística, esta vez con el joven dramaturgo Alejandro Moreno. Norte (2008) y La amante fascista (2010), ambas obras de Moreno, han marcado la más reciente búsqueda de Carrasco, indagando en discursos más ligados a la historia reciente de nuestro país, conservando una estética extremadamente limpia y siempre poniendo la palabra como primer factor del montaje. Por otra parte, en 2010 levantó una sala de teatro propia, bautizada como La Palabra, heredando la que la compañía La Feria habilitó y usó por más de dos décadas en el barrio Bellavista. Esta sala, su nuevo centro de operaciones, pretende consolidar su trabajo como director y abrir un espacio teatral que coloque la palabra escrita como principal motor escénico. 

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