Teatro de Chile

(2001-...)

La compañía Teatro de Chile se forma el 2001 y la integran actores y diseñadores provenientes principalmente de la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile (Héctor Morales, María José Parga, Juan Pablo Peragallo, Claudia Yolín, Fernando Briones, entre otros). La figura principal de la compañía, autodefinida como “directora artística”, es Manuela Infante, quien se hace cargo de escribir y/o dirigir los montajes, y también es quien establece las líneas de investigación por las cuales transitan.

Con su primer montaje, Prat (Infante, 2002) ganan una curiosa notoriedad en el ámbito público al poner en escena una perspectiva no oficial de la vida del héroe patrio Arturo Prat. El revuelo político y mediático causado por esta apuesta no nubla el camino trazado con entusiasmo y rigor teórico por sus miembros. Juana (Infante, 2004), vuelve a centrar la construcción dramática en un personaje histórico, esta vez no sólo desde una mirada que busca posibilidades no planteadas respecto de la biografía -en este caso de Juana de Arco-, sino que indagando en las posibilidades escénicas respecto de un proceso colectivo que pone en tensión los conceptos de ficcionalidad/realidad, de teatralidad/metateatralidad, deconstrucción de la historia/construcción de la narración/memoria personal y colectiva. La obra es un éxito de público y de crítica (obtiene Distinción Especial del Círculo de Críticos de Arte), lo que instala a la compañía como un colectivo relevante del medio teatral chileno.

Respaldada por la crítica y por los fondos concursables, la compañía afianza su trabajo, deslizándose hacia una signatura colectiva que entrega gran importancia al actor como constructor de ficcionalidad en el acto de la performance  a partir de un texto. Las bases teóricas del grupo son cada vez más preponderantes e incluyen a filósofos y pensadores contemporáneos como Jameson, Lipovetsky, Sarlo, Baudrillard, Derrida o Merleau-Ponty. De hecho Narciso (Infante, 2005) se basa frontalmente en las discusiones filosóficas de algunos autores mencionados y le abre la puerta a la compañía a la internacionalización, ganando espacios y aplausos en Europa y Estados Unidos. Los apoyos y reconocimientos al trabajo de Infante y compañía se multiplican al mismo ritmo que van complejizando su propuesta y diversificando sus posibilidades.

Mientras Infante realiza estudios de posgrado en Amsterdam y Nueva York, en Santiago Juan Pablo Peragallo, María José Parga y Cristián Carvajal ponen en escena el nuevo texto de la dramaturga. El rey planta (2006) vuelve a tomar como base una biografía histórica –los trágicos sucesos de la familia real de Nepal en 2001- como pretexto para cuestionar las bases mismas del teatro al colocar en escena un personaje inmóvil, afectado por una parálisis completa. La investigadora María de la Luz Hurtado dice respecto de esta puesta: “Los alcances al teatro, a la representación, en esta obra como en las otras de Infante, son permanentes; una caja china constituye la escena: ‘Un rey sentado en un trono. El trono al interior de una vitrina. La vitrina al interior de un museo. El museo es un palacio. El rey está en estado vegetal. Sólo puede mover los ojos’ (…) el actor es puro cuerpo visible, negando en su estasis su condición de actor: actuar, representar con la movilidad de su cuerpo y la activación de su voz” (Hurtado, 2010a: 19).

Si El rey planta se constituye como un montaje eje, donde el grupo demuestra que puede trabajar sin la convencional “actuación” teatral, desde un actor inmóvil y voces en off, el estreno de Cristo (dramaturgia colectiva, 2008) los catapulta a la categoría de referentes de la escena nacional. A través de una compleja construcción narrativa, develan las distintas capas del proceso de ensayo de una obra que toma por premisa descubrir la verdadera imagen de Cristo. Intercalando las complejidades tecnológicas en su exploración, realizando un trabajo de investigación que busca desorientar más que precisar, Teatro de Chile toca temas diversos y profundos; la imposibilidad de alcanzar la verdad, el sin sentido de la búsqueda, la inmaterialidad de la era de la información y el concepto de reciclaje asociado a la obra de arte. Cristo se sostiene en estructuras de cartón que van complejizando sus utilidades hasta hacerse nítida su función de simbolizar las interminables capas por las que transita el texto y la puesta en escena, a su vez que se configura como un paralelo de la imposibilidad de acceder a la fuente original. La conjunción de los distintos participantes tras una sola idea se hace viva al estar diseñadores y actores aportando al mismo tiempo desde un lugar de creación.

Ya consagrados, con múltiples compromisos laborales y una agenda cargada de peticiones, Teatro de Chile se ha hecho cargo de producciones con inspiraciones diversas, como Arturo (2009, revisión documental de su primer estreno y las consecuencias mediáticas) y Ernesto (de Rafael Minvielle, reescritura de Infante, 2010). Esta última, estrenada en coproducción del Festival Santiago a Mil en el marco de las celebraciones del Bicentenario chileno, profundiza en las complejidades de una construcción en proceso de la teatralidad, la que está en permanente cuestionamiento, esta vez, también desde el cuerpo social al llevar a escena una representación del conflicto independista y sus proyecciones al Chile de hoy. “El trabajo de la obra, en tránsito continuo desde el texto al escenario y viceversa, dio por resultado un prolijo y preciso texto que soporta la obra en tono de frescos diálogos entre los actores/personajes y lo que estos dirigen al público. En contadas pero medulares ocasiones, los actores/personajes citan el texto de la obra de Minvielle, motivados por su indagación en esta y en los modos posibles y factuales de su representación teatral, sin llegar nunca a representarla pero a la vez sin dejar nunca de hacerlo” (Hurtado, 2010b: 25).

En Multicancha (creación colectiva, 2010), indagan de manera experiencial en las posibilidades de un cuerpo sometido a exigencias deportivas, experimentando en el formato de presentación (espacio abierto) y arriesgando la construcción dramatúrgica al negar casi totalmente el uso de la palabra. Con este trabajo se reafirma la potencia del colectivo, donde las jerarquías se hacen difusas respecto del engranaje global que pareciera impulsarlos.

El 2011 la compañía realiza un doble estreno: Loros Negros y Berlin no es tuyo, dos co-producciones de Teatro de Chile y la Fundación Santiago a Mil, ambas escritas por Alejandro Moreno y dirigidas respectivamente por Manuela Infante y Juan Pablo Peragallo. 

Teatro de Chile es una compañía vigorosa y se proyecta como uno de los grupos de mayor influencia de la escena nacional, tanto por la profundidad de sus investigaciones escénicas como por la generación de una orgánica que les permite suplir eventuales deserciones y enfrentar el arriesgado sentido experimental de sus propuestas.

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