Teatro en el Blanco

(2006-2012)

Teatro en el Blanco está integrado por el director y dramaturgo Guillermo Calderón y las actrices Trinidad González y Paula Zúñiga y el actor Jorge Becker, formados en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile, habiéndose iniciado profesionalmente algunos de sus miembros en la compañía El Cancerbero, junto a Andrés Céspedes

Neva, de autoría y dirección de Calderón, es la ópera prima de Teatro en el Blanco. Estrenada en 2006, provoca impacto inmediato en el medio, colocando al autor/director y al elenco en el primer plano de lo teatral, al punto que ganan el Premio Altazor a la mejor dramaturgia, mejor dirección y mejor actriz (Trinidad González) de ese año.

Diciembre, 2009, una co-producción con el Festival Santiago a Mil, también con dramaturgia y dirección de Calderón, corrobora la excelencia artística de la compañía, cuya intensa y particular poética teatral logra plasmarse y transformarse en referente a partir sólo de estos dos estrenos, lo que les permite realizar sucesivas temporadas con estas obras en Chile y participar en importantes festivales internacionales a través de América y Europa.

Neva es una obra que habla sobre la teatralidad desde la teatralidad, mediante un complejo mecanismo dramático y escénico de cajas chinas, de inspiración pirandeliana. “Através de un extremo minimalismo escénico y de actuaciones potentes, versátiles, lúdicas, la puesta en escena logra proyectar las complejas imbricaciones textuales de una obra que, a partir de la cita y la indagación penetrantes, construye y deconstruye críticamente, hasta la crueldad, un modelo dramático y teatral fundante del teatro moderno: el de la estética realista, sustentado en la complicidad estética entre Antón Chéjov y Stanislawski” (Hurtado 2007, 27).     

La metateatralidad en la obra es un modo de abordar simultáneamente la realidad representada -en este caso, la de un grupo de actores rusos, incluida la viuda de Chejov, durante el ensayo de una obra de este autor en Petersburgo, en una noche de terribles hechos políticos: una gran matanza obrera realizada por las tropas zaristas-   y en los modos de representarla -exacerbación performática y reflexión acerca de los modos de actuación de la obra de Chejov en relación al “real” de los actores: sus propias memorias, subjetividad, emociones, ideas e ideales, puestos en crisis y expuestos sus quiebres y fisuras. Así, Neva crea una densidad lingüística potente, intrigante y estimulante en extremo en sus dimensiones sensitivas, humanas, culturales, históricas y políticas.

Si Neva  se distancia en el tiempo y el espacio -inicios del siglo XX junto al río Neva, en Rusia-, Diciembre lo hace hacia el futuro, al ubicarse en un Chile hipotético, en un diciembre del 2014. La fantasía de esa proyección re-territorializa al país en diferentes ámbitos personales situados diferencialmente en relación a lo histórico-político, ya que Chile está en guerra con Perú y el pueblo mapuche avanza hacia Santiago. A través de una puesta en abismo de absurdo delirante se reconocen vetas profundamente ancladas en la idiosincrasia nacional, al explorar los nacionalismos, frustraciones, prejuicios, idearios y rasgos identitarios del imaginario chileno. Al igual que en Neva, el escenario en que se desarrolla Diciembre es despojado, sin efectos técnicos o aparataje de diseño. Las estupendas actuaciones son el potente eje en que se sostiene esta obra, exacerbada en el decir de la palabra, exceso expresivo que apunta críticamente a las retóricas que nos cercan y conforman como pueblo ¿avasallador?, ¿solidario?, ¿idealista?, ¿pragmático?

Calderón ha confirmado esta postura como director en su extraordinaria re-visitación de Los que van quedando en el camino de Isidora Aguirre, realizada para el programa Bicentenario de Santiago a Mil 2010, en la que a la par que homenajeó al teatro chileno revolucionario de la década del 60 al montar la obra con los actores de esa generación en la antigua sede del Congreso Nacional en Santiago, dejó en evidencia la imposibilidad de la recuperación de ese tiempo, hoy decadente y desplazado a otros ejes. Misma reflexión que realiza Calderón como dramaturgo y director en la obra Clase, protagonizada por Francisca Lewin y Roberto Farías en la agrupación La Reina de Conchalí, en la que explora el descalce generacional en idearios y experiencias vitales entre un profesor setentero y una liceana del 2000.

El 2012 la compañía estrena La reunión, esta vez con la dramaturgia y dirección de Trinidad González. El montaje cuestiona los pormenores del proceso de colonización de América, poniendo a dialogar a dos personajes emblemáticos de nuestra historia: Cristóbal Colón y la Reina Isabel la Católica. Los personajes son representados como “dos seres repletos de temores, tristezas y rencores. Cada uno deambula por La reunión intentando justificar sus actos y alivianar su responsabilidad culpando al otro” (González 2012, 138). 

Esta es una compañía cuyos dardos dan en el blanco de la conciencia y sensibilidad de los espectadores, mediante un teatro que no trabaja en blanco y negro sino desde la paradoja generada a partir de una aparente simpleza escénica. Así, la compañía ha ido constituyendo una poética acorde al siglo XXI, realizada desde la apropiación sudamericana y chilena de una teatralidad que reconoce filiaciones a la vez que las cuestiona y transforma.

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