La Pieza Oscura

(2004-...)

La compañía teatral La Pieza Oscura, en sus inicios La Fusa, está liderada por Nona Fernández y Marcelo Leonart, ambos actores de la Escuela de Teatro de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Tanto Fernández como Leonart destacan por su valioso y variado aporte como escritores: Nona ha escrito y adaptado más de diez guiones de teleseries y ha recibo un importante reconocimiento por la escritura y publicación de sus novelas Mapocho (2002), Av. 10 de Julio Huamachuco (2007), Fuenzalida (2012), Space Invaders (2013), y Chilean Electric (2015). Marcelo Leonart también ha destacado por su trabajo como guionista de producciones televisivas y por su narrativa, siendo sus novelas más recientes Lacra (2013) y Pascua (2015). Como un catalizador de este acervo teatral y narrativo, el trabajo de la Pieza Oscura es una síntesis provechosa del encuentro entre la dimensión escénica teatral y un sólido trabajo escritural. Esta mixtura es un sello que distingue la trayectoria del grupo, enfocada en el desarrollo de una dramaturgia nacional capaz de dilucidar nuestro devenir histórico y de iluminar zonas oscuras de nuestra memoria.

La compañía, que en sus inicios como La Fusa incluye a la actriz y dramaturga Ximena Carrera, debuta en escena con la obra Grita (2004), escrita y dirigida por Marcelo Leonart, con las actuaciones de Nona Fernández, Ximena Carrera, Larissa Contreras y Sebastián Vila. Esta obra, exhibida en el Festival Santiago a Mil 2005 y remontada el 2014 en GAM, pone en escena, en clave de thriller, el crudo encuentro entre la viuda de un torturador y una de sus víctimas. El 2006 estrenan Lo invisible y el 2007 Cuerpos mutilados en el campo de batalla, obras también escritas y dirigidas por Leonart. El 2008 vuelven a escena con Todas las fiestas del mañana, escrita y dirigida por Leonart y con las actuaciones de Nona Fernández y Álvaro Morales. La obra enfrenta a dos personajes que deciden marginarse de una celebración y que conversan sobre las razones de esta decisión. La situación de los personajes refleja, según Leonart, el desencanto y el vacío de una ciudadanía que quedó en la periferia del desarrollo del país en esos años.[1]

El 2012 Nona Fernández debuta en la dramaturgia con la obra El taller, comedia negra dirigida por Marcelo Leonart y basada en el taller literario que María Callejas, mujer de Michael Townley- agente de CIA al servicio de la DINA-, dirigía en su casa de Lo Curro donde paralelamente funcionaba un centro de operaciones de este organismo. Con El taller, Fernández recibe el reconocimiento de sus pares con el Premio Altazor 2013 en la categoría dramaturgia. Le sigue a este trabajo Liceo de niñas, escrita por Fernández y dirigida por Leonart, que en clave de comedia fantástica pone en escena a un profesor que se encuentra con tres alumnas que han estado escondidas en el laboratorio del liceo desde la toma del ’85, aludiendo con ello a la emblemática toma del Liceo A-12  en julio del mismo año en Santiago.

Respecto a la insistencia por interrogar desde el teatro los años de dictadura y sobre la función de la ficción en esta tarea, Leonart señala: “es un tema que nos convoca como generación y como grupo. Éramos niños y adolescentes en la dictadura. Para nosotros, vivir en medio de una pesadilla era un estado normal. La ficción, creemos, nos ayuda a exorcizar esos miedos que son los cimientos de lo que vivimos hoy”[2].

El sólido trabajo dramatúrgico que distingue a la compañía se potencia con la riqueza de la materialidad de su escena, elemento central para dar cuerpo a los relatos. En palabras de Leonart: “La escenografía es un contenedor narrativo para la carne del actor y la palabra. El espacio que habitan”.[3]

El 2013 Nona Fernández, Marcelo Leonart y Ximena Carrera se reúnen en la publicación del libro Bestiario Freakshow. Temporada 1973-1990, trilogía que contiene las obras Grita, Medusa y El taller, las cuales coinciden en abordar el periodo de la dictadura militar en Chile, tomando como ángulo de visión a los victimarios; aquellos agentes que encarnaron las espantosas labores de los organismos opresores de esos tiempos. Con esto, como señala el crítico teatral Javier Ibacache, los autores se atreven a “escuchar voces sombrías de personajes que estuvieron en las zonas que el teatro local no termina de explorar del todo, acaso por el riesgo de dar forma a lo injustificable” (2013, p.7).

La creatividad de La Pieza Oscura, expuesta en sus obras, apunta a elaborar la experiencia personal y colectiva que significó el periodo de dictadura, a “indagar en ese territorio oculto, en esa oscuridad que envuelve parte de nuestra memoria, de nuestra historia, de nuestra realidad como país y como sociedad”. Tal como lo enuncia el nombre de la compañía, en alusión al poema homónimo de Enrique Lihn, La Pieza Oscura busca “poner en escena todo aquello que nos cuesta tanto ver, los materiales ocultos del inconsciente de nuestro país”[4], interpelando así las zonas grises y ocultas del pasado histórico para elaborar a través de la escritura y de la puesta en escena nuestra memoria social.

 


[1]Fotech.cl

[2]“Grita o las huellas de un pasado que no calla”, Entrevista realizada por Pablo Moreira. Disponible en Web Santi Teatro & Danza.

[3]Ibid.

[4]Dossier La Pieza Oscura. Facilitado por Nona Fernández.

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